Mostrando entradas con la etiqueta Wachos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wachos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de agosto de 2009

¿Y SI VAMOS A TOLANTONGO? EPISODE TWO

Sigamos con el relato:
Tomamos un camión a Ixmiquilpan, a donde llegamos más o menos una hora despúes.
Hasta ahí todo iba bien.
Pasamos a un mercadito a desayunar tacos de barbacoa y consomé (bueno, yo no tomé, nunca me ha llamado la atención ese caldo grasoso).
Fue entonces que el mismísimo Mauricio, quien en repetidas ocasiones ha conocido lo más bajo de la humanidad, lloró aterrorizado tras visitar los baños del mercado.
Más que sanitarios, parecían establos, y no es porque estuvieran sucios, sino por su disposición equina. Dos hilera de tazas pegadas a la pared se enfilaban una frente a otra, separadas por sus respectivas paredes laterales, pero casi ninguna tenía puerta, lo que favorecía iniciar una amable conversación con el caballero de enfrente.


Debo decir que corrí con más suerte que Mauricio, pues descubrí una que sí tenía puerta (siempre he sido muy modosito para esas cosas y de hecho detesto los mingitorios que no son individuales, pues me siento como caballo en abrevadero).
Despúes de desayunar y sortear el obstáculo de los baños, nos subimos a una especie de microbus, que después de más o menos una hora de viaje (en medio de sospechosos paisajes desérticos que nos hacían dudar sobre la existencia de nuestro paradisiaco destino) nos llevó a Tolantongo.





martes, 11 de agosto de 2009

¿Y SI VAMOS A TOLANTONGO? EPISODE ONE

Despúes de quejarme con mis queridos Wachos (nombre clave ñoño que tardaría mucho explicando) sobre lo poco que nos veíamos y lo mucho que platicábamos de tiempos pasados en las contadas veces que nos encontramos al año (en vez de salir a hacer algo juntos y dejar de lado nuestras anécdotas preparatorianas), el buen César, a quien para proteger su identidad llamaremos Trucutú, propuso un campamento.
Como hace un más de un año no nos adentrábamos into the wild (ajá) para vivir como verdaderos hombrecitos, Mauricio, a quien llamaremos Barney Gómez (¡sólo conéctenla a mis venas!) y su seguro servidor, aceptamos casi de inmediato viajar a un lejano lugar llamado Las Grutas de Tolantongooooo.
A diferencia de veces anteriores, esta ocasión no contamos con los amables servicios choferísticos de Trucu, quien siempre ponía el zapatomovil (sólo se tardó tres años en darse cuenta de que era explotado vilmente), por lo que viajamos en camioncito hasta Ixmiquilpan, Hidalgo, donde iniciaría la aventura que dejó a más de uno con la dermis achicharrada.



Rockea tooodo lo que quieras Barney, al terminar el fin de semana tendrás quemaduras de segundo grado en tu cara y cuerpo de piel menonita.